La tristeza del periodismo rentado y carente de empatía

Leía, ya sin asombro sabida la fuente, una nueva edición del «Quincho» (Quincho: Presupuesto y horas decisivas para todos… y encima, el puente roto), del Mendoza Post; diario oficialista si los hay.

En esta nueva entrega de los domingos, Ricardo Montacuto, quien pretende «informar» en una especie de anecdotario protagonizado por un grupo de amigos de diversas posiciones partidarias, que opinan de la realidad mendocina y nacional en ese siempre embarrado terreno de la política argenta; demuestra su clara posición respecto al tema minero, el uso del agua, pero por sobre todo su pensamiento y deseo hacia aquellos que promueven el cuidado del fundamental elemento a través de la defensa de la Ley 7722.

Con intención de ser «gracioso» invoca una «Justicia Divina» que castigó a los Departamentos de Gral. Alvear y San Carlos, principales defensores, o al menos los principales promotores de esa defensa de la 7722, con una lluvia (compuesta obviamente del agua que tanto defienden) que inhibió la realización de la fiesta vendimial.

Uno podría considerarlo un comentario fuera de lugar en boca de cualquier persona, deja de serlo cuando quien lo escribe es propietario de un medio de difusión masivo.

En una clara muestra de la inexistente «objetividad» periodística que debería demostrar alguien que se auto-erige como comunicador serio y comprometido con la calidad informativa, y fuera de su posición o línea editorial, en este caso de difícil evaluación, ya que no se sabe a ciencia cierta si le es propia o dictada por la pauta oficial, Montacuto una vez más va del exabrupto en contra de los ambientalistas a una burla pueril y tendenciosa que se ríe de decenas de miles de mendocinos y su forma de pensar, en la figura de una fiesta que le es propia a los mendocinos y que no se realizó por culpa del «agua».

Podríamos hablar de error, de comentario inadecuado, incluso de acto fallido… y es éste último quizás el punto de partida que terminó en el volcado de su absoluta carencia de empatía por sus coterráneos y sus tradiciones o ideario.

Ricardo Montacuto ha devenido en la imagen paradigmática de la tragedia social que significa un periodismo rentado en sus palabras e ideas, cooptados por la percepción de una pauta que, excede la necesaria función de hacer conocer los hechos de gobierno, y se ha convertido en una lacra que indica como pensar, dónde y cuándo.

Estamos en la era del «patetismo» ilustrado. Ojalá una buena lluvia limpie su alma.

José Luis Bonomi